Opinión
Disculpe:
Me ha entristecido la muerte de Luis Hernando de Larramendi.
Lo considero un caballero de los que retrata la canción de Chabuca Grandes,
de los que cruzaba por el limeño Puente de los Suspiros con elegancia. También
lo contemplaba como un mecenas de las humanidades, al estilo de los eruditos
que contribuyeron a proteger a los autores del renacimiento humanista del
siglo XVI.
Pero, ante todo, una persona humilde. Que no se supo valorar.
En los paraninfos universitarios se burlaban, quienes obtuvieron mecenazgo
de la Fundación Mapfre para sus investigaciones, con una cáustica expresión
tamizada de darwinismo social. "Le hemos sacado dinero a esos ....".
Lo conocí cuando peregrinaba por la ruta jacobea. Iba con Asín y
algún peregrino más. Salió en la prensa. Fue en Puente la Reina, cuando su
alcalde me comentó: "Vamos a conocer a unos historiadores". En
aquella conversación comprobé que un contertulio no buscaba la senda del
aprendizaje. A lo que aspiraba era a protagonizar los congresos de El Escorial;
en detrimento de cualquier metodología, o de un mínimo talante científico. Me
pareció una manipulación que hoy, al recordarla, me da vergüenza. ¿Por qué?.
Aquella actitud tan poco didáctica reflejaba los esquemas del integrismo
decimonónico. Se postulaba que todo es política, sin saber diferenciar la
privacidad de las esferas de la política y de la cultura; las cuales se
amoldan, es cierto, pero en compartimentos aparte, vinculados, no obstante;
jamás fusionados. Fue paciente Hernando de Larramendi en esa coyuntura.
Los que lo trataron en la intimidad, de un modo u otro, se verán en la
tesitura de continuar su talante ilustrado, al estilo de Saint Miguel de
Garicoits, bethi aitzina, sin demora, sin melancolía por el testigo arrebatado.
Tendrán que aferrarse al consejo del "papa de la sonrisa",
Luciani, más conocido como Juan Pablo I. Su pedagógica mirada cohesionaba
la alianza veterotestamentaria, atravesada por la opción preferencial por los
pobres, con la ternura del Nuevo Testamento; donde se relativiza toda norma en
favor de la sororidad. Y nos dejó una frase que desdibuja el dolor de la
desaparición de un justo. "Dios es padre; pero sobre todo es
Madre". En ella perdurará su memoria.
A los que le escucharon puntualmente, al "Resto de Jacob", nos
queda llorarle, sin rubor, pues las lágrimas son consideradas un don bíblico.
Solo podremos cantar, al estilo de la parroquia de San Francisco de Asís.
"Que encuentres la paz, que encuentres la paz. SHALOM, SHALOM. Que seas
feliz, que seas feliz, SHALOM, SHALOM. Que Dios viva en ti, Que Dios viva en
ti, SHALOM, SHALOM"
Sin embargo, más se insiste en el cantar "Gurekin egon, Restez avec
nous Seigneur", de los benedictinos de la Vasconia francesa; que es
menester hablar con Dios. Es una aclaración que simboliza su fallecimiento, el
cuál se dio mientras se respiraba la celebración de la fiesta de Notre-Dame de
Lourdes. Luis conversa con Jesús; de la misma manera que Sainte Bernardette de
Soubirouts platicaba en la gruta de Masabielle con María. Cuando las
escrituras se refieren a conocer a Dios, aspiran a que comprendamos que Yahvé
se deleita en escoger a los sencillos. Por esta experiencia, el ha visto
cumplirse en su persona las promesas de las Bienaventuranzas, debido a que él
las vivía. Y las mismas, junto al Jesús histórico y el de los evangelios -
otras dos sendas también autónomas de escrutar el rostro del Mesías - son las
que imprimen originalidad al kerigma, a cuyo testimonio de buena nueva se acoge
el creyente; se acogió don Luis.
Gracias por su vida, por el humanismo de Hernando de Larramendi. Hoy, como
diría el poeta, la única protesta que merece la pena ser vivida, es la de la
contemplación de la belleza. Pero no atesorándola para si, con el egoísmo
elitista que perciben los marginados en los ambientes académicos; sino desde
las entrañas. Esa fue su pasión. Permitir que la cultura fuese accesible a la
viuda, al huérfano y al excluido, pues se había mimetizado con un clasismo que
no transmite. En contraposición, él fue un cauce para que otros pudiesen leer e
instruirse.
Goian bego. Hala bedi.
José Javier
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