Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

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domingo, 11 de octubre de 2020

Nuestra Señora del Pilar, patrona de la Hispanidad

 Festividad 


HOY es un día de gran alegría, que nos hace superar la apatía espiritual como pueblo, que nos hace superar penas y quejas, la falta de esperanza y el descontento crónico que advertimos en la sociedad familiar y -sobre todo- en la sociedad política. 

Porque, hay que decirlo en el día de Ntra. Sra. del Pilar, patrona de la Hispanidad: la sociedad política española, en cuanto política -Derecho público e instituciones públicas-, así como la tendencias sociales políticas formadas por españoles, en cuanto políticas, rezan muy poco o nada. Y hay que rezar. Por eso, desde la Comunión Tradicionalista Carlista, sociedad que exige políticos buenos y agente directo de verdadera política,  queremos ofrecer nuestra oración. Como se reza poco y mal, pues a rezar de veras, mucho mejor y con humildad.

Sabemos que aquellos polvos han traído estos lodos, y que aquellas premisas han desembocado en las consecuencias que todos conocemos. Los conservadores de los males originarios en política -que sin duda colaboraron activa o pasivamente en ellos- se equivocan, por lo mismo que la España que fue se ha convertido en un erial, al menos en apariencia. No en vano los carlistas seguimos soplando y avivando las brasas, con ilusión y alegría. 

Tanto en la persona individual y familiar, como en la sociedad y la política, la falta de Dios y el desviarse del camino que Él nos ha marcado a través de la ley natural y la revelación cristiana, han desembocado en el vacío, el desasosiego y el descontento, la inseguridad y el sinsentido. ¿Quién dijo que la Ley es contraria a la libertad? ¿Quién dijo que para saber qué desean los españoles hay que someterlos al bombardeo y manipulación de poner todo en entredicho continuamente? ¿Quién ha dicho que en el algarada y no en el sosiego está el ejercicio del deber cotidiano? ¿Quién que hoy tenemos una política representativa?

Pues bien, Nuestra Señora del Pilar es la que nos muestra al Hijo. España, Tierra de María, ya sabe cómo se llega al Hijo, cómo se defiende a nuestros hijos. Pusimos el corazón en la economía y el buen vivir, y no tenemos ni a Dios del que las leyes apostataron, ni paz, ni prosperidad, ni trabajo... ni por no tener, no tenemos ni hijos.

Revolucionarnos... ¿contra qué y quién, si no es contra nosotros mismos? Conservar... ¿qué y para qué, si el hoyo o pozo es cada vez más sucio y hondo?. Sólo queda renovar lo bueno que hay en nuestra Patria -que hay mucho-, con alegría espiritual y juventud de espíritu. 

Para colaborar en una variedad de proyectos de fondo adecuados a tus facultades, las propias de cada uno, puedes escribir a este blog que visitas. Tenemos que acostumbrarnos a dar nosotros el primer paso en servicio de nuestra Patria, para recoger finalmente los frutos cosechados. Servir a la sociedad política que es España, es una de las primeras obras de caridad, misericordia y justicia que tenemos entre manos. Sabemos qué queremos y solicitamos brazos para trabajar.

Virgen del Pilar, rogad por nosotros.

12 de octubre de 2020,

Vocalía de Actos, CTC de Navarra


sábado, 27 de octubre de 2018

El verdadero problema no es VOX sí o VOX no

OPINIÓN

Tomada de INFOCATÓLICA
Por su interés sobre el problema de la salida a la gran crisis que padecemos, recogemos este artículo de don Luis Fernando Pérez-Bustamante. Hemos de decir que nos ha sorprendido gratamente y que seguimos lo que él afirma. 


El verdadero problema no es VOX sí o VOX no


No es habitual, pero de vez en cuando surgen debates interesantes entre los blogueros de InfoCatólica. Es lo que ha ocurrido con los dos posts publicados por Bruno Moreno y el P. Francisco José Delgado. El primero cree que votar a VOX es volver a caer en el mismo error que muchos católicos conservadores han cometido votando al PP. El segundo cree que no habría tal error en un católico que decida votar al partido presidido por Santiago Abascal.
En mi opinión, el problema reside en el régimen político que hay en España, conocido como democracia liberal. Un sistema en el que la ley de Dios no juega papel alguno. No en vano, don Marcelo, cardenal primado de España en tiempos de la Transición, escribió una instrucción pastoral ante el referéndum sobre la Constitución. Decía en la misma:
Estimamos muy grave proponer una Constitución agnóstica –que se sitúa en una posición de neutralidad ante los valores cristianos- a una nación de bautizados, de cuya inmensa mayoría no consta que haya renunciado a su fe. No vemos cómo se concilia esto con el “deber moral de las sociedades para con la verdadera religión”, reafirmado por el Concilio Vaticano II en su declaración sobre libertad religiosa (DH, 1).
No se trata de un puro nominalismo. El nombre de Dios, es cierto, puede ser invocado en vano. Pero su exclusión puede ser también un olvido demasiado significativo.
En realidad no se trataba de un olvido sino de una exclusión a propósito. Se trataba de pasar de la unidad católica propia de la Cristiandad hispánica y, más inmediatamente, del régimen franquista, a la aconfesionalidad, a la monarquía parlamentaria liberal.
Bien hizo don Marcelo en advertir que puede haber una confesionalidad nominal, hipócrita. Fue el caso de la Constitución de Cádiz. Su artículo duodécimo afirmaba que «la religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra», pero resultaba evidente que los liberales no tenían la menor intención de que tales palabras pasaran del papel a la realidad. Para más información sobre esto, léase el artículo «El Filósofo Rancio», el hombre que aterrorizó a los liberales en las Cortes de Cádiz, de Javier Navascués.
Por cierto, el lector hispanoamericano haría bien en estudiar esa cuestión, porque afecta más de lo que parece a su propia realidad:
«Quiere este estudio sobre la influencia de la constitución doceañista en la América hispana fundar y exponer la siguiente tesis: lejos de ser la madre de los procesos constitucionales americanos, la de Cádiz, si influye en éstos es a través de tres actos: traduce las ideas del constitucionalismo liberal y revolucionario, especialmente el francés, al idioma y el ambiente hispánicos; modera esa ideología casándola con la religión católica, es decir, haciendo de la moderación la virtud de un liberalismo católico práctico; e introduce tal ideología revolucionaria en el ambiente americano, que es lo que en verdad tuvo peso específico, más que sus artículos e instituciones.» 
(Juan Fernando SEGOVIA, traducir, moderar, introducir. vicisitudes de la constitución gaditana en Hispanoamérica, Verbo 505-506, Madrid 2012, p. 427)
Volviendo a España, añadía don Marcelo:
Consecuencia lógica de lo anterior es algo que toca a los cimientos de la misma sociedad civil: la falta de referencia a los principios supremos de ley natural o divina. La orientación moral de las leyes y actos de gobierno queda a merced de los poderes públicos turnantes. Esto, combinado con las ambigüedades introducidas en el texto constitucional, puede convertirlo fácilmente, en manos de los sucesivos poderes públicos, en salvoconducto para agresiones legalizadas contra derechos inalienables del hombre, como lo demuestran los propósitos de algunas fuerzas parlamentarias en relación con la vida de las personas en edad prenatal y en relación con la enseñanza.
Cuarenta años después, podemos decir que don Marcelo no solo acertó de lleno, sino que se quedó corto. Ni en sus peores pesadillas podría haber imaginado el gran cardenal español que este país iba a legalizar el “matrimonio” homosexual e imponer la perversión sexual en la escuela, por ejemplo.
Entre las cien propuestas que presenta VOX, no aparece por ningún lado ni Dios, ni la fe católica, ni la Iglesia, ni cosa que se le parezca. Pero ¿cómo pedirle a VOX que haga algo que la propia Iglesia en España ha desechado? ¿o acaso recuerdan ustedes a un solo obispo español -ya de paso, del resto del mundo- que en los últimos 30 años haya reivindicado el Reinado Social de Cristo en esta nación, de tal manera que, como poco, nuestras leyes no quebranten la ley natural y la ley divina?
Cuando se pasa de defender la realeza absoluta de Cristo en todos los ámbitos a defender solo unos pocos principios basados en una ley natural que la mayoría ni siquiera acepta o simplemente  desconoce, es normal cosechar el fruto amargo de la irrelevancia o, como decía el maestro Rafael Gambra, de la apostasía:
La separación del poder político respecto del orden moral y religioso no puede ser aceptada por un espíritu cristiano más que como apostasía o pecado (…). Un cristiano que pertenezca además a una vieja y homogénea comunidad histórica (como la España católica) no puede, a mi juicio, aceptar la laicización del poder (…) sin incurrir (consciente o inconscientemente) en una apostasía. Mucho menos propugnarla como el más adecuado hábitat del creyente” 
La unidad religiosa y el derrotismo católico, Ed. Nueva Hispanidad, Mendoza, pag 168
El también maestro Pedro Luis Llera, explica la mar de bien la raíz del problema en un comentario al post del P. Delgado:
Ahora bien, si somos coherentes, cualquier tipo de sistema político será bueno en tanto en cuanto vaya encaminado al bien común y a reconocer a Cristo como Rey. Y el bien común y la realeza social de Cristo pasaría por alcanzar un consenso en que los Mandamientos de la Ley de Dios - o la Ley Natural, si lo prefiere - debe ser la norma que delimite lo que está bien y lo que está mal. El problema radica en que los regímenes liberales cambian la soberanía de Dios por la soberanía nacional (el poder del pueblo). Y, en consecuencia, se cambia a Dios por el hombre, la voluntad de Dios por la voluntad de las mayorías. Entonces lo bueno y lo malo es lo que la mayoría opina en cada momento que está bien o mal, según sus conveniencia. 
Por ejemplo, aunque Dios establezca que matar a inocentes es un crimen abominable, la mayoría de la gente ha determinado que el aborto es un modo legítimo de control de la natalidad y un derecho de la mujer. Por lo tanto, el sistema liberal consagrado en la Constitución de 78 ha aprobado mayoritariamente una ley que colisiona frontalmente contra la ley de Dios. Para un católico consecuente, esto es inaceptable, obviamente. ¿Qué hacemos? ¿Aplaudimos la Constitución? ¿Aceptamos un sistema así? El sistema liberal deja a Dios de lado, lo relega a la intimidad de cada uno, pero no admite que Dios se inmiscuya en la política. Si no hay Dios, no hay moral. La muerte de Dios decretada por Nietzsche constituye al hombre en un superhombre que está por encima del bien y del mal. Es el hombre quien decreta lo que es bueno y lo que es malo. Y, en consecuencia, todo vale, todo es consensuable. Nada es verdad ni mentira, ni bueno ni malo: esto es el relativismo moral imperante. Ante esto tenemos que elegir: o Dios o el mundo. Cada uno verá.
El sacerdote toledano responde a D. Pedro Luis con un comentario que considero “peculiar". Dice:
A esos temas tendré que responder con los artículos que he anunciado. De entrada sólo me quedaría decir que a los que mantienen como inamovibles esos puntos de vista (algunos yo los considero opinables e incluso muy discutibles), la única salida que les queda es la de los carlistas del XIX, los de verdad: el monte y el trabuco.
Hombre, ciertamente más de un millón de seres humanos asesinados antes de nacer, la destrucción de la institución familiar, la imposición de una moralidad perversa a los niños pisoteando el derecho de los padres y otra serie de desgracias acontecidas en los últimos cuarenta años pueden considerarse como razones más que de sobra para no quedarse en un sillón contemplando el techo, pero eso de tirarse al monte con el trabuco tiene el problema que señaló Cristo:
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Luc 14,31
Aun así, no está de más recordar que ya hubo algún “loco” trabucaire que se tiró al monte ante la profanación por parte de la autoridad “competente” de los derechos de Dios y de su pueblo. 
Pero Matatías respondió a grandes voces: 
Aunque todos los pueblos que están bajo el imperio del rey le obedezcan y cada uno se aparte del culto establecido por sus padres acatando las órdenes del rey, mis hijos, mis hermanos y yo viviremos conforme a la alianza de nuestros padres!  ¡Que Dios nos libre de abandonar la Ley y las costumbres! ¡No obedeceremos los mandatos del rey para no apartarnos de nuestro culto ni a derecha ni a izquierda!

Entonces Matatías gritó por la ciudad con fuerte voz: 
-¡Todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantener la alianza, que me siga! Y él y sus hijos huyeron a los montes y abandonaron todo lo que tenían en la ciudad.
1 Mac 2,19-28
Podria también hablar del ejemplo de los cristeros, o de los mártires españoles del siglo pasado, o de tantos y tantos que dieron su vida bien sea por defender activamente la Realeza de Cristo, bien sea por ser ejemplos vivos de dicha realeza en sus vidas.
Soy absolutamente consciente de que, a día de hoy, y ante la falta de una formación católica tradicional, la inmensa mayoría de los católicos practicantes aceptan que Cristo debe reinar en sus vidas, pero no es necesario que lo haga en las leyes que rigen la sociedad. Se les ha privado de un riquísimo magisterio pontificio que indica precisamente que cuando Cristo manda hacer discípulos a todos los pueblos (Mat 28,19) y San Pablo habla de la obediencia a la fe en las naciones (Rom 1,5), eso implica poner todo y a todos -también los gobernantes- bajo la soberanía del Redentor. 
Decía el P. Delgado que la única salida que queda a los que piensan como yo es la de los carlistas del siglo XIX. Bueno, yo de momento, y tras unos meses de reflexión al respecto, he decidido que me conformo con ser carlista del siglo XXI. Entenderán ustedes que el debate sobre si votar o no votar a VOX, el PP, Cs, etc, me resulte bastante indiferente. 
Por Dios, por la Patria y el Rey.
¡Viva Cristo Rey!
Luis Fernando Pérez Bustamante

miércoles, 8 de junio de 2016

Elecciones Generales, Junio 2016

NOTA DE PRENSA

A continuación les remitimos una nota de prensa de la Comunión Tradicionalista Carlista referente a las Elecciones Generales del 26 de junio.


Comunión Tradicionalista Carlista
Junta de Gobierno
Secretaría de Comunicación

NOTA DE PRENSA

LA PARTITOCRACIA ES UN TIMO
Nueve meses después, el sistema de partidos ha vuelto a convocar a los españoles a las urnas. En esta sobredosis de partitocracia la Comunión Tradicionalista Carlista quiere recordar que éste es un sistema no representativo basado en el engaño y en el fraude sistemático a los electores. 
Las ocho razones abajo expuestas condensan la crítica que desde el Tradicionalismo realizamos al sistema de partidos:
1. El sufragio electoral inorgánico priva a los españoles de una auténtica representación política desde su inicio, pues confiere a éstos una representación difusa, inconcreta y abstracta que malogra dicha representación.
2. La representación política está monopolizada por los partidos políticos y priva a cualquier otra entidad o institución (colegios profesionales, sindicatos, gremios, universidades, municipios, etc.) de la posibilidad de tener voz en las instituciones.
3. Los candidatos electorales no son elegidos por la militancia (bases) de los partidos políticos, sino designados ‘a dedo’ por las direcciones de los propios partidos o elegidos a través de unas opacas e irregulares elecciones primarias. O lo que es lo mismo: la representación política está prefijada de antemano por el reducido grupo de personas que integran los órganos decisorios de los partidos políticos.
4. Las listas electorales no son abiertas sino cerradas y bloqueadas, por lo que el elector carece de libertad a la hora de elegir al candidato que quiere que le represente.
5. La representación política no está vinculada a ningún mandato concreto por parte de los electores, por lo que el representante político tiene libertad absoluta de hacer con su representación lo que le venga en gana o -peor aún- lo que le ordene el órgano decisor de su partido.
6. Los partidos políticos están sometidos a importantes presiones externas que, como la prensa, los lobbies o los bancos, imposibilitan que puedan representar libremente y sin ataduras a la sociedad española.
7. Los representantes y cargos públicos no están sometidos a ninguna auditoría pública e independiente al finalizar sus mandatos, lo que impide una eficaz fiscalización de su gestión y fomenta la corrupción.
8. Los diputados electos nombran al presidente del ejecutivo. Una vez constituido el gobierno se someten a sus decisiones renunciando a cualquier control del mismo. Toda la soberanía, tanto la social como la política, se acumula de hecho en manos del partido que obtenga más escaños.
En la campaña electoral que ahora comienza, la Comunión Tradicionalista Carlista ha iniciado la campaña “La partitocracia es un timo” que procurará que la sociedad española tome conciencia del fraude que es la partitocracia y que exija un modelo de representación política ‘real’ y transparente como el que propone la tradición política española.
En Madrid, a 7 de junio de 2016



Comunión Tradicionalista Carlista /Junta de Gobierno / Delegación de Prensa
c/ Zurbano, 71 - Oficina. 3 --- 28010 Madrid
Teléfonos: 91 399 44 38 / 609 408 204

miércoles, 6 de febrero de 2013

LA ESPAÑA INVIABLE

Opinión


L A  E S P A Ñ A  I N V I A B L E 

QUÉ FEO Y QUÉ MALO ES DECLARARSE CONSERVADOR CON LA QUE ESTÁ CAYENDO... PORQUE CONSERVADOR... ¿DE QUÉ?

QUÉ BUENO RESULTA SER RENOVADOR, Y RENOVADOR HASTA CON DESPARPAJO, CON LA ESPERANZA PUESTA EN NUESTRA GENTE... MIENTRAS QUIERAN ABRIRSE SIN MIEDO. 

Pamplona.
Foto: Fermín de Musquilda 2012
Hay economistas como don Jesús Pavón Morote que afirman directamente algo obvio: la España actual es inviable.

Es inviable -dice- debido a los siete "pecados capitales" siguientes: el despilfarro, la corrupción, la hipertrofia política (hay más de mil diputados y mil altos cargos todos ellos autonómicos, el "café para todos" creando no dos problemas sino diecisiete), la hipertrofia de la administración pública (de 600.000 funcionarios en 1976 se ha pasado a 3 millones, la mitad de ellos en las Comunidades Autónomas), la ruptura de la unidad de mercado (los Parlamentos legislan con trabas y barreras), el endeudamiento voraz de la CC.AA. de forma que la UE no confía en su disciplina económica, y la ingobernabilidad de España que impide Planes nacionales como el Plan Hidrológico Nacional.

Él concluye con algo obvio: ¿Parchear el pesebre?. No, hay que destruir el pesebre. Se refiere al pesebre donde se alimenta toda la clase política española, pesebre que se quiere parchear con la ley de estabilidad presupuestaria, la ley de unidad de mercado, las competencias de medio ambiente, los hispanobonos.

Se pregunta al final: ¿APUNTALAR UN PESEBRE QUE SE CAE PARA QUE NO SE CAIGA, PARA MANTENER A LA CLASE POLÍTICA ESPAÑOLA?

Pues bien, esto afirma Pavón Morote en sus clases o exposiciones de youtube. El alumno aventajado del profesor Pavón entenderá fácilmente que los tradicionalistas o carlistas han avisado lo que iba a ocurrir, y que siempre han exigido, aunque hayan sido criticados por todas las ideologías y partitocracia, lo siguiente:
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MÁS SOCIEDAD Y MENOS ESTADO
FUEROS QUE NO ESTATUTOS DE AUTONOMÍA. LAS AUTONOMÍAS NO PUEDEN SER UNOS "MINI ESTADOS"
Los Fueros en la aplicación comunitaria y territorial, con los matices y estilo propio, del PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD, que se formula así: lo que debas y puedas hacer tú, hazlo libremente; si debes y no puedes, pide ayuda para que puedas; y si no quieres y lo que debes es importante para la sociedad, que la institución superior supla lo que no haces.
LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD
EL BIEN COMÚN y no el bien de grupo, de secta, de ideología y de la Partitocracia.

Sí, creemos como Pavón Morote, que las naciones fracasan por errar en su "diseño institucional". A lo que añadimos que el error actual es político, de planteamiento, espiritual (ruptura con el propio ser y peculiaridad, con la propia configuración comunitaria, con las enseñanzas de la historia, crisis por desorientación, imitación gregaria del extranjero...) y sobre todo un error inmoral y arreligioso en los ámbitos  político, público y al fin privado.

Fermín de Musquilda
Pamplona, 6-II-2013

Pamplona. Foto: Fermín de Musquilda 2012