Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

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domingo, 11 de agosto de 2019

Fiestas en Leitza (Navarra). Un merecido descanso en casa de los Baleztena.

AGENDA

HOY se celebran las fiestas de San Tiburtzio en la villa de Leitza (Navarra). Son unas fiestas al estilo de un pueblo de la montaña navarra, donde los chiquillos se lo pasan muy bien con los petardos, los caramelos, el toro de fuego y haciendo corros de aquí allá, donde los mozos acuden al encierro y el recorte de vacas -algo más que "vacas"-, las danzas y al baile, y todos ellos con los mayores se reúnen en el almuerzo popular en el karrape, ezpatadantzariak, partidos de pelota, charanga, y bertsolaris. Por ejemplo. 

Se ha celebrado la Misa mayor, concelebrada y preciosamente cantada, en la hermosa parroquia de San Miguel a las diez y media. Se ha sentido mucho que no estuviese la Corporación municipal; se ha notado mucho que estaban sus sitios vacíos. Al menos ha aparecido como abanderado de la enseña de Navarra, el digno concejal don Silvestre Zubitur. Estaba presente en la Santa Misa con muchos y buenos leizarras, postrándose  ante el Santísimo en el momento de la consagración, y riendiendo ante Él la bandera de Navarra, con la que ha accedido al templo poco antes de la Santa Misa. 

Antes de la celebración, ha sido muy hermoso ver al señor Zubitur portar con elegancia una gran bandera roja de navarra, que destacaba sobre un armónico fondo verde y gris, siguiendo el paso pausado de cualquier vecino, por la cuesta que sube a la parroquia. Hubiéramos querido ver en cambio la bandera propia de la villa, pues siempre fue así, además la aman todos los muchos asistentes a la celebración litúrgica, y su presencia conllevaría  bienes sin cuento de rendirse ante Jaungoikoa, el único Señor. La bandera o enseña navarra que llevaba Zubitur era suya propia

Pero no sólo hay alegrías en el pueblo, sino también algunas penas. Los mimbres de la vida están formados por muchas alegrías y algunas hondas tristezas, que hay que convertir en liberadoras de otros muchos males. Nos referimos a los que el año pasado estuvieron en fiestas y han fallecido este año. Han sido varios, por ejemplo los hermanos Cruz Mari y Sylvita Baleztena Abarrategui. Vaya a ambos nuestro pequeño homenaje

Lo hemos sabido por los dos crespones que colgaban de las banderas de España y también de Navarra,  que los de casa Baleztena, sobre todo Cruz Mari y Sylvita, acostumbraban a exhibir en las fiestas patronales, desde que el Ayuntamiento quitó la bandera de España de su fachada. Por muchos motivos es miserable que las presuntas autoridades municipales coloquen la bandera de España en un rincón de la fachada, pues por ley no pueden quitarlas del todo, mientras que los Baleztena y el concejal Zubitur representan a los mejores vecinos que sigue habiendo en la hermosa y querida villa de Leiza. 

Bueno, pues que siga la fiesta y el descanso, confiando que mañana luzca con fuerza el buen sol.










Ramón de Argonz










martes, 23 de abril de 2013

VALOR Y EJEMPLO CARLISTA DEL LEIZARRA DON SILVESTRE Mª ZUBITUR

EN EL AYUNTAMIENTO DE LEIZA (NAVARRA). LA LUMINARIA DE UN VIVO RESCOLDO: Don Silvestre Zubitur.
RECOGEMOS la brillante intervención del concejal don Silvestre Zubitur en el Ayuntamiento de Leiza del 26 de marzo de 2013. Este consistorio acordó por mayoría de 9 concejales de Bildu frente a 2 concejalesretirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Con esta "boutade" como medida, campan a sus anchas en Leiza la negación de la realidad, la propagación de mitos nacionalistas y utopías, el gobierno municipal  con "forceps", a la contra, y al margen de los problemas reales del pueblo, el cinismo,  y una descarada  hipocresía, muy jacobino todo ello. 
La vida cristiana y honrada, sencilla y algo tímida, de los habitantes de Leiza, pone más que en entredicho el radicalismo y totalitarismo de la ideología abertzale (un marxismo que sitúa la lucha entre naciones, reales o supuestas,  como motor de la historia -no olvidemos que en sus comienzos Stalin fue ministro de nacionalidades en la URSS-). Afortunadamente, la realidad es un mentís a las utopías, que todas ellas devienen en la revancha toda vez que son incapaces de construir el futuro. 
La sociedad no aguanta el delirio de este proceder, se aislará en sí misma con amargura y total desesperanza, y sólo podrá ser salvada por el amor del que sí es capaz el hombre, y del que necesita con toda necesidad. 
De alguna manera, la verdad no necesita quien la defienda, pues se defiende sola. GRACIAS, don Silvestre Mª Zubitur, por recordar la verdad a los hijos de tu pueblo, y que con los medios electrónicos de hoy se transmite al mundo: has cumplido como el mejor, y tus palabras -sencillas, llenas de verdades y amor- son el bálsamo de realismo y la esperanza que necesitan tus vecinos. 
Los hombres buenos de Leiza de hace 75 años nos recuerdan a los populares  cristeros de Méjico, que a la vez que ejercían su derecho a la legítima defensa, rezaban y clamaban -no gritaban desaforados- "que viva Cristo Rey". 
Necesitamos mejorar nuestra vida ordinaria, reconociendo a Dios-Padre como el único Señor, origen de la vida, el matrimonio y la familia que reverencia a  sus mayores, la casa, el trabajo y el auzolan. Un pueblo así, en pie, es muy capaz de cantar zortzicos y bailar el aurresku en la vida con firmeza y alegría, y de vivir en paz sin revancha alguna. Ejemplo dieron los carlistas de ayer y lo dan hoy.  
Digo revancha como la manifestada hace muy poco por Cuadra Lasarte -nacionalista aventajado mucho antes que navarro y que no se de donde vino- en el Congreso de los Diputados sobre la laureada del escudo de Navarra, en una estrategia totalmente ajena a la resolución de los problemas reales, y muy próxima a  cabrear y, a ser posible, enconar a los vecinos. Sí, estamos en plena campaña abertzale. No saben hacer otra cosa, pues les supera arreglar la crisis humana y económica del pueblo.  Por su parte, Bildu y Ezkerra también han arremetido contra un monolito de Lecároz (valle de Baztán, Navarra), procedente del antiguo colegio de los Capuchinos y que recordaba a los profesores y estudiantes del mismo. Así mismo, han hecho desaparecer las fotografías de los hijos predilectos de Baztán, alegando "una reorganización del paisaje interior" del mismo ayuntamiento ("Diario de Navarra", 23-IV-2013). Es una muestra de que asistimos a una especie de operación "limpieza" muy primitiva, y más que decadente, parecida a la que hicieron los integristas afganos, que tienen su nombre aunque ya no lo recuerdo. Aunque creo que peor. 
(Tomamos todo el texto del propio autor, recogido también en el Blog "El Brigante").
José Fermín de Musquilda
(del valle de Baztán)
Pamplona, 23-IV-2013
CON VERDADES Y SIN REVANCHAS.
 ANTE QUIENES NO QUIEREN ENTENDER Y SUSTITUYEN LA REALIDAD CON VIOLENCIA Y POR UTOPÍAS.

LAS REVANCHAS son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo, 

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:

¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?

Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas.

Pero hay más,

¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

También aquí se da una contradicción, de que los que hoy hablan de fuero han logrado la abolición de su esencia y quienes buscan otro “marco institucional” para los vascos, ignoran la hermosa raíz que el fuero tiene en esta tierra de Leiza.

Por último y más importante:

¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?

O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan.


Esta segunda intervención tuvo lugar después de la lectura del “escrito en contra de la iniciativa del ayuntamiento de Leiza para la retirada del nombramiento de hijo adoptivo de Leiza de D. Antonio Lizarza”, que reproducimos a continuación.

En primer lugar diré que por la diferencia de edad no he conocido a D. Antonio aunque si conocí a su hermano D. Nazario, que vivía en Leiza, cuando nosotros éramos pequeños, y también a todos sus sobrinos, hijos de su hermano D. Rufino y los hijos de este y los nietos, pues son de mi edad y por último los biznietos que son de la edad de mis hijos. Lo que si, he tenido la oportunidad de conocer a dos de los hijos de D. Antonio, D. Javier y D. José Antonio con los cuales he mantenido y mantengo una gran amistad por su personalidad y fidelidad en todo momento y como representante de este ayuntamiento por el honor y la dignidad de todos ellos y con todo merecimiento quiero hacer esta defensa.

En segundo lugar diré que siempre me ha gustado escuchar a las personas mayores en sus tertulias y entre ellos hablaban muchísimo de D. Antonio y de lo que les ocurrió aquí y allá, pero tengo que reconocer que entre aquellas vivencias y a menudo estremecedoras, nunca escuche una conversación con el mínimo rencor hacia las personas que habían sido sus adversarios, al contrario la mayoría de aquellos hombres y mujeres supieron rehacer sus vidas pasando todos, toda clase de penurias, se respetaron y convivieron en adelante, dejando ejemplo para la posteridad.

A D. Antonio Lizarza el pueblo de Leiza le nombró hijo adoptivo, y ahora el pueblo de Leiza le va a retirar. ¡Pobre Leiza como te han cambiado! Pero yo os diré que a D. Antonio Lizarza, jefe carlista en Navarra,  que no era hijo adoptivo de Leiza, sino que natural de Leiza y a mucha honra para él y para muchos leizarras,  eso sí que no le vais a quitar porque cambiareis la historia pero nunca, nunca, nunca la realidad.

Y por todo ello también diré que esta iniciativa que habéis presentado no hace más que demostrarme que yo en algo estaba equivocado, pensaba que aquellas tertulias de nuestros mayores, aplacaban a toda persona que no quería que sus hijos pasaran por lo que ellos tuvieron que pasar, pero veo el rencor y el odio de otras personas siguen buscando el enfrentamiento.


Silvestre Mª Zubitur

domingo, 21 de abril de 2013

EN EL AYUNTAMIENTO DE LEIZA, EN NAVARRA. LA LUMINARIA DEL RESCOLDO: Don Silvestre Zubitur.

RECOGEMOS la brillante intervención del concejal don Silvestre Zubitur en el Ayuntamiento de Leiza. La vida cristiana y honrada, sencilla y algo tímida, de los habitantes de esta villa, pone más que en entredicho el radicalismo y totalitarismo de la ideología abertzale (un marxismo que sitúa la lucha entre naciones, reales o supuestas,  como motor de la historia -no olvidemos que en sus comienzos Stalin fue ministro de nacionalidades en la URSS-). Afortunadamente, la realidad es un mentís a las utopías, que todas ellas devienen en la revancha ya que son incapaces de construir el futuro. 
La sociedad no aguanta el delirio de este proceder, se aislará en sí misma con amargura y con una total desesperanza, y sólo podrá ser salvada por el amor del que sí es capaz el hombre, y que necesita con toda necesidad. 
De alguna manera, la verdad no necesita quien la defienda, pues se defiende sola. GRACIAS, don Silvestre Zubitur, por recordar la verdad a los hijos de tu pueblo, y que con los medios electrónicos de hoy se transmite al mundo: has cumplido como el mejor, y tus palabras -sencillas, llenas de verdades y amor- son el bálsamo de realismo y esperanza que necesitan tus vecinos. 
Los hombres buenos de Leiza nos recuerdan a los cristeros de Méjico, que rezaban y clamaban -no gritaban desaforados- "que viva cristo Rey". Necesitamos mejorar nuestra vida ordinaria, reconociendo a Dios-Padre como el único Señor, origen de la vida, el matrimonio y la familia con sus mayores, la casa, el trabajo y el auzolan. Un pueblo así, en pie, es muy capaz de bailar en la vida con firmeza y alegría. 
Tomamos todo el texto recogido a continuación del Blog "El Brigante", dirigido por don José Antonio Ullate.
José Fermín de Musquilda
Pamplona, 21-IV-2013
Posted: 20 Apr 2013 01:57 PM PDT


El pasado martes santo, 26 de marzo de 2013, el ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría absoluta (9 concejales –de la izquierda abertzale– sobre 11) retirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Otro hijo de Leiza, mi amigo el concejal Silvestre Zubitur, valientemente intervino en el pleno del consistorio en protesta contra esa cobarde decisión. Recojo a continuación sus palabras y ruego que se difundan y mediten. Aún quedan hombres. Un abrazo, Silvestre. J.A.Ullate

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Las revanchas son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo, 

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:
¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?
Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas.

Pero hay más,

¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

También aquí se da una contradicción, de que los que hoy hablan de fuero han logrado la abolición de su esencia y quienes buscan otro “marco institucional” para los vascos, ignoran la hermosa raíz que el fuero tiene en esta tierra de Leiza.

Por último y más importante:

¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?
O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan.

[Esta intervención fue acompañada de la lectura del siguiente “escrito en contra de la iniciativa del ayuntamiento de Leiza para la retirada del nombramiento de hijo adoptivo de Leiza de D. Antonio Lizarza”].


En primer lugar diré que por la diferencia de edad no he conocido a D. Antonio aunque si conocí a su hermano D. Nazario, que vivía en Leiza, cuando nosotros éramos pequeños, y también a todos sus sobrinos, hijos de su hermano D. Rufino y los hijos de este y los nietos, pues son de mi edad y por último los biznietos que son de la edad de mis hijos. Lo que si, he tenido la oportunidad de conocer a dos de los hijos de D. Antonio, D. Javier y D. José Antonio con los cuales he mantenido y mantengo una gran amistad por su personalidad y fidelidad en todo momento y como representante de este ayuntamiento por el honor y la dignidad de todos ellos y con todo merecimiento quiero hacer esta defensa.
En segundo lugar diré que siempre me ha gustado escuchar a las personas mayores en sus tertulias y entre ellos hablaban muchísimo de D. Antonio y de lo que les ocurrió aquí y allá, pero tengo que reconocer que entre aquellas vivencias y a menudo estremecedoras, nunca escuche una conversación con el mínimo rencor hacia las personas que habían sido sus adversarios, al contrario la mayoría de aquellos hombres y mujeres supieron rehacer sus vidas pasando todos, toda clase de penurias, se respetaron y convivieron en adelante, dejando ejemplo para la posteridad.
A D. Antonio Lizarza el pueblo de leiza le nombró hijo adoptivo, y ahora el pueblo de Leiza le va a retirar. ¡Pobre Leiza como te han cambiado! Pero yo os diré que a D. Antonio Lizarza, jefe carlista en Navarra,  que no era hijo adoptivo de Leiza, sino que natural de Leiza y a mucha honra para él y para muchos Leizarras,  eso sí que no le vais a quitar porque cambiareis la historia pero nunca, nunca, nunca la realidad.
Y por todo ello también diré que esta iniciativa que habéis presentado no hace más que demostrarme que yo en algo estaba equivocado, pensaba que aquellas tertulias de nuestros mayores, aplacaban a toda persona que no quería que sus hijos pasaran por lo que ellos tuvieron que pasar, pero veo el rencor y el odio de otras personas siguen buscando el enfrentamiento.


Silvestre Mª Zubitur