Nota de Prensa
Ante la exposición en el Parlamento de Navarra ‘Carlismo frente a Franquismo, 50 años de unidad contra la dictadura’.
El Carlismo navarro recuerda hoy su
disidencia antifranquista
La exposición anunciada en el Parlamento de Navarra
sobre la lucha antifranquista que llevó a cabo el Carlismo, no descubre nada a
los carlistas navarros, porque estos saben muy bien que sus padres se jugaron
el pellejo con los hechos –así suele decirse- ante el Régimen. Paradójicamente
muchos de sus enemigos de hoy, progresaron durante aquellas décadas en
connivencia o dentro del mismo. Lo ocurrido en la plaza del Castillo de
Pamplona el 3-XII-1945 fue la punta de un iceberg.
La microhistoria ofrece abundantes ejemplos de
persecución por el Régimen a los carlistas desde el Decreto de Unificación de
1937, que si la sociedad ignora, es por la torpe imagen anticarlista y
antitradicional que desde la adolescencia se ha recibido en los libros de texto
ideologizados, que no pueden tolerar la existencia de la España tradicional
mantenida por el Carlismo.
El Carlismo siempre ha estado en la oposición, con
enemigos poderosos de todo el espectro político, desde los conservadores
dinásticos y el Liberalismo hasta el marxismo más provocador. A pesar de eso,
los carlistas seguimos adelante, viendo pasar por delante del umbral de
nuestras puertas los restos de todas las gamas de Liberalismo y de sus
herederos socialistas y nacional-separatistas.
No se puede asimilar el Carlismo a un Régimen que fue
su verdugo. Hay historiadores profesionales que lo describen con acierto. Las
diferentes etapas del régimen político salido de 1939 fueron contrarias a la
monarquía por la que los tradicionalistas llevaban luchando más de un siglo. El
Régimen se alejó de la Tradición española y a la larga hizo estéril la Cruzada
y el sacrificio de tantísimos de miles de navarros.
Desde el Régimen se intentó anular al Carlismo en la
política. Sería largo enumerar los desencuentros y encontronazos desde el
Decreto de Unificación de 1937.
El sabor tradicional de los textos legales del
Régimen fue vaciado en la práctica. Sus guiños a los carlistas fueron en falso,
y la aparente atracción táctica trajo finalmente un rechazo total. La dinastía
ilegítima fue restablecida, y don Javier y la familia Borbón-Parma fue
expulsada en 1968. Ya antes se había perseguido a Fal Conde y luego a Sivatte.
El pensamiento tradicional se planteaba a hurtadillas. La unidad católica
jurídica y práctica, constante en el cuatrilema carlista
Dios-Patria-Fueros-Rey, fue minada con la Ley de libertad de cultos, y la
libertad de enseñanza lo fue por el ministro Villar Palasí.
En los multitudinarios Montejurra, en Montserrat y El
Quintillo, el Carlismo demostró su vitalidad, sin ocasos ni ilusiones,
recibiendo la puntilla a mediados de los setenta. El Carlismo era una potencia
en muchos españoles, y por eso nunca nadie se ensañó tanto con él. A pesar de
ello, su organización resurgió en la Comunión Tradicionalista Carlista en 1986.
No podían consentir que la tradición española se presentase como una tercera
vía, la renovadora de la Tradición de las Españas, frente al Régimen
personalista y estatista del momento que estaba a punto de desaparecer, y que
muchos lo habían apoyado por el falso “Yo o el comunismo”. Ahora bien: ¿quiénes
impusieron el Régimen que ya ampara al actual gobierno frentepopulista ya
promueve la putrefacción del Liberalismo ideológico convertido en
contracultura?.
HOY
COMO SIEMPRE, «Nada sin Dios Jaungoikoa. Unidad en la variedad de las Españas.
Más sociedad, menos Estado. Preparemos una sociedad para hacer posible un rey».
Junta Carlista de Navarra
Comunión Tradicionalista Carlista


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