Crónica
Hemos tenido, éste 26 de febrero, del placer de tener a Javier Baleztena contándonos la trayectoria de su vocación sacerdotal desde pequeño hasta adulto. La charla la promovió el Círculo Carlista Navarro Villoslada en la sede de la Unión Seglar San Francisco Javier, a la que agradecemos efusivamente su colaboración y disposición favorable con la realización del evento.
Primeramente, Javier trató sobre cómo, desde pequeño, fue teniendo conocimiento de estar llamado al sacerdocio en la inquietud que fue despertándose en él por conocer más a Dios y vivir una vida más coherente con sus aspiraciones personales. Nos cuenta cómo, durante su formación, tuvo dudas sobre su vocación y que, aunque no lo viera claramente, siempre tuvo medios para atisbar que Dios quería algo más de él -algo distinto- que una vida de seglar por buenísima que ésta sea.
En su testimonio conocimos no sólo las cosas más bonitas sobre su vocación, sino también las dudas y las inseguridades que tiene un joven que quiere entregarse plenamente y sin reservas a Dios y vivir feliz, pero que el mundo, el demonio y la carne le llaman por otros derroteros. Felizmente, en este caso, Javier fue capaz ya de derrotar esas tentaciones ya de renunciar a otras realidades muy buenas, describiéndonos con detalle, en toda su humanidad y sin endulzamiento, cómo ha ido siendo capaz de hacerlo.
Lo que más me llamó la atención, fue el tono humano en el que nos habló, reconociendo sus fallos en la vida y un deseo constante de mejorar su relación con Dios y vida sacramental. Esa misma vida y la constante la asistencia de los sacramentos, fue lo que le permitió llegar a esa «paz interior» que le ha confirmado en su vocación.
Creo que su testimonio constata que hay jóvenes que ansían no contentarse con lo que les da el mundo, buscando algo que les llene plenamente. Javier ha dado en el clavo, se ha dejado llenar por lo que Dios quiere regalarle, y ha dejado que Él fortalezca su debilidad. Un ejemplo de virtud para todos nosotros y, si Dios quiere, posiblemente un futuro y santo sacerdote.
Antes de finalizar, diré que la presencia de su familia en la charla fue un gran añadido, ya que las anécdotas que Javier contó que le marcaron, fueron confirmadas por sus familiares. Su sentido del humor dio a la charla una calidez que la hizo única.
David Fernández
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