Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

sábado, 18 de julio de 2026

18 de julio: el "¡Volveré!" de Don Carlos

In memoriam

El 18 de julio de 1909, S.M.C. Carlos VII falleció en Varesse (Italia). Su muerte provocó el mayor dolor entre sus fieles. Fue un gran rey, con oficio, con talento y vista larga, expuesto en la guerra, victorioso en los campos de batalla hasta la extenuación y fidelísimo a España en el destierro. Un rey queridísimo por su pueblo y admirado por todos. Ante el clericalismo del raillement -parece mentira que acusen de clericales a los carlistas- supo estar en su sitio, dando al César lo que es de éste, y a Dios lo Suyo (1). 

Su cadáver, vestido con el uniforme de capitán general que usó en la guerra, con el toisón de oro, la placa de San Fernando y las medallas de Montejurra y Somorrostro, fue conducido a la ciudad de Trieste e inhumado en la S.I. Catedral, junto a los restos mortales de sus antepasados, su abuelo Carlos V, Carlos VI, Juan de Borbón su padre, María Francisca de Braganza y la muy recordada princesa de Beira, la del oportunísimo manifiesto titulado "Mi carta a los españoles" del 25-IX-1864, sobre quién es el rey, qué piensa sobre el liberalismo moderno y la divisa para el futuro. Triste es El Escorial de la dinastía carlista.

En Pamplona se le hicieron unos solemnes funerales en la S.I. catedral, acogiendo a miles de navarros en sus naves, con profundo duelo. Le sucedió S.M. Jaime III de Borbón, un buen rey con olfato político y preocupación social, que mereció estar a la altura de su señor padre. 


Don Carlos cumplió su palabra de "¡Volveré!". Los liberales ironizan diciendo que no volvió. Pues se equivocan de forma manifiesta: volvió en su hermano Alfonso Carlos I, volvió con sus banderas, volvió con miles de voluntarios requetés en 1936 cuando España iba a ser una colonia del bolchevismo comunista con Stalin y de la brigadas Internacionales. Gracias al esfuerzo desinteresado de los requetés y carlistas, en España se produjo la última Cruzada de Occidente, se libró a la Iglesia de la absoluta destrucción y dio a varias generaciones enteras días de paz y progreso, aunque los carlistas fuesen arrinconados y perseguidos, ganando la guerra y perdiendo la paz. Dios Jaungoikoa, Cristo Rey ganó la Cruzada. Este arrinconamiento trajo el hundimiento de España tras 1978, y la puntilla del Montejurra de 1976 quería ser el asesinato del Carlismo organizado desde altas instancias de la política. Pero no, la Generalísima ha protegido a los carlistas y al Carlismo de la destrucción calculada por el enemigo. Por eso, a pesar de las crisis, los leales saben agradecer y seguir adelante. La Revolución siempre quiso al Carlismo muerto o dividido. Pues no es lo uno, ni será lo otro. 

El Carlismo continua la historia de la España de siempre, está por encima de todas las miserias humanas, y tiene el nombre de la España de siempre en tiempos críticos para su historia.

Los más contrarios al Carlismo han sido desgraciadamente los que más se han favorecido de él: quizás por el "no me toques", quizás por el "no me manches", quizás por celos, seguramente que por la mala conciencia de no estar a su altura. Don Carlos VII lo sabía y optó por cumplir sus obligaciones ante Dios y por el bien común.

La Redacción

(1) Diremos que, también hoy, la jerarquía católica en España se ha metido en política desde 1976, mucho más de lo que creemos, y que la democracia cristiana, larvada en instituciones pías en la Iglesia, es de un clericalismo subido. Así estamos, serviles a un sistema contrario a la España católica de siempre y al mismo sentido común.

No hay comentarios:

Publicar un comentario