Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

domingo, 8 de mayo de 2016

TREINTA años sirviendo a España y los españoles

AVISO

          DAREMOS NOTICIA de los Actos conmemorativos y festivos que se van a realizar con motivo de los 30 años de la organización Comunión Tradicionalista Carlista (C.T.C.).
          La Tradición española, el Carlismo, los carlistas, son mucho más antiguos que los 30 años de organización de la Comunión Tradicionalista Carlista, tan antiguos como la historia de España, y tan de actualidad como que están hoy día en medio de la vorágine originada por los gravísimos problemas de España y los españoles. Problemas estos por los que se preocupan, se desvelan, y trabajan para ofrecer algo de luz, la que dejemos colar -incluso con astucia- frente a las artimañas de eso que antes llamaban Revolución, ya  violenta ya mansa -y hasta resabiada-. Esta última, aparentemente mansísima y hoy pepera, es la peor, porque es la que más fácilmente ha consolidado todos los desastres contra la vida humana, la familia... y los españoles. 
          El Carlismo nació en 1833, pero en el seno y regazo de la Tradición española. Tradición que no era innovadora o rupturista, ni conservadora -fernandina o absolutista-, sino renovadora (y de la que el Reino de Navarra dió buenas muestras). El Carlismo era y es una cuestión jurídica, religiosa, política, social y plenamente humana, Regional y española. Está en el quid de la cuestión de España y los españoles, y, hoy, en el quid de la sociedad y la supervivencia del mismo hombre. 
          Aunque la persona pertenece a dos sociedades perfectas que deben estar muy bien avenidas, la Iglesia y el Estado -éste abierto o subordinado en lo espiritual a la Iglesia-, su alma es sólo de Dios. Por eso, los carlistas saben muy bien dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, sabiendo que el César también tiene obligaciones para con Dios, concretamente en la soberanía social de Jesucristo. De esto nada sabe el liberalismo laicista que ha corrompido España y a los españoles, y ha utilizado los católicos y a la misma institución eclesial haciendo que ésta se instale en un cómodo, ineficaz e descristianizador apoliticismo. El liberalismo ha utilizado -como tras 1876 etc.- a la Iglesia institución todo lo que ha podido. 
          En 1986 se unieron los tres sectores carlistas existentes en una misma organización: Unión Carlista, Comunión Católico Monárquica y Comunión Tradicionalista. Con un mismo Ideario -el de siempre-, con un mismo Programa político actualizado, con un saber quién o quiénes no podían sentarse en el trono de San Fernando, se unieron en una misma organización política, conservando cada cual sus fidelidades personales pero sin hacer bandera de ellas. 


          Así, los carlistas han trabajado y convivido durante treinta fructíferos años, representando la Tradición española o de las Españas, ofreciendo soluciones políticas y sociales, recurriendo a las instancias oficiales de la Iglesia y del Estado, jugándose el tipo ante el terrorismo, presentándose a las elecciones siempre que han podido. 
          Han promovido actuaciones en la sociedad en defensa de la vida humana desde su concepción, el matrimonio como Dios manda, la familia, que la educación es cosa principalmente de los padres, y en defensa de los derechos de Dios y concretamente de N.S. Jesucristo quebrados por hipocresías político-institucionales e incluso por sacrilegios y blasfemias públicas. Han defendido la unidad de España y los Fueros que son la única salvaguardia de la Patria, la unidad en la diversidad de los pueblos de España, las lenguas de la monarquía incluida -claro está- la lengua común castellana o español. Urgen la necesidad de trabajar por el Bien Común, atender el mundo laboral y del asalariado, cuidar el mundo empresarial y las PYMES, y servir sin hipocresías a la variada cuestión social con sus múltiples novedades. Denuncian la corrupción y la partitocracia. Denuncian el entreguismo ante ETA, el maltrato a las víctimas del terrorismo, y sospechan la entrega al menos temporal de Navarra al brazo político etarra a título compensatorio y experimental. Están lejos de la ideología  talismán europeísta, y de los nacionalismos disgregadores que tantísimo perjudican a las Patrias chicas y destruyen esa gran Patria que es España. Están lejos de rendir tributo al NOM que tanto se ensaña con España seguramente por ser el eje de la Hispanidad como una grandiosa forma de civilización católica, y lejos también de aceptar el dominio económico de las empresas transnacionales y del capitalismo internacional contrario a una economía propia y equilibrada y a las PYMES. Luchan especialmente por los pobres y desvalidos, los niños y ancianos, y por las libertades reales y no el bulo de la libertad abstracta e ilimitada. Sí; afirman que Dios, en lo privado, público y sobre todo en lo político, es el único escudo del más débil y del que nada tiene, por la limitación que exige al mal, por la autolimitación que produce en los buenos, y por la sobreelevación que conlleva hasta clamar misericordia.
          No alardearemos de las actuaciones y esfuerzos de la Comunión Tradicionalista Carlista durante sus 30 últimos años en Navarra y el resto de España. No lo haremos a pesar del silencio sistemático de no pocos etiquetados social y eclesialmente como buenos y de los medios de comunicación considerados de derechas, de los desplantes y burletas de los conservaduros cuya vagancia y egoísmo hoy da paso al neo comunismo, de la mala fama y tergiversaciones sobre el Carlismo en las asignaturas de "Historia" que dominan el ámbito escolar y universitario -este último nos preocupa menos, total para los "cinco gatos" que quedan en las facultades de Historia...-, y, sobre todo, a pesar de la persecución que la Tradición española y los tradicionalistas activos han sufrido y sufren por parte de sus enemigos frontales, del buenismo demócrata-cristiano (lo de "cristiano" ya ha desaparecido), de la inquina de los neo liberales que arremeten contra la tradición española y católica aunque nadie reclame su opinión, o de ciertos intereses particulares amigos del balancín y del poder... 
          No haremos tales alardes de los esfuerzos y actuaciones de la Comunión Tradicionalista Carlista durante sus 30 últimos años, que sonrojarían a tanto liberal perezoso y vago, pero sí queremos congratularnos y celebrar con todos los navarros y españoles que lo deseen, de su existencia, lealtad y trabajos
          Trabajos entusiastas que la conciencia nos reclama y anima. Esperanza porque tenemos hijos que nos los demandan de cara a su futuro, y tenemos padres que nos buscarán aquí o en el Más Allá como a buenos hijos. Trabajos por los que sin duda nos felicitarían los reyes legítimos que en España han sido, y los que vayan a ser cuando Dios así lo disponga. Y sobre todo, alegría por el servicio prestado de toda una vida, pues Dios en su misericordia es buen pagador -Todo con Dios. Nada sin Dios-. Más; puede haber hombres que nos den calabazas en esta vida, pero sabemos de hay otros muchos que agradecen, aunque en silencio, nuestro servicio
          Ojalá seamos todos más agradecidos, y pacientes, los unos con los otros. Ojalá en España los verdaderos españoles vuelvan a ser una verdadera piña. 
          Como se puede observar, el Carlismo no es un temor sino una esperanza. Ser carlista es ser español de veras -español porque navarro y navarro porque español- y persona  consciente, sin duda trabajador en aras de la preciosa Causa que tiene entre manos, que vive en comunión con sus semejantes, lejos de las divisiones y encontronazos de los partidos políticos y de la corrupción que ha generado la mentalidad partitocrática. El bien querido por Dios para la persona, las familias y la comunidad, el bien común de los vecinos y los españoles organizados en sus cuerpos sociales e intermedios y en su propio ser, son nuestra esperanza. 
          Si el liberalismo ha expulsado a Dios de las leyes y la Constitución política de España, los carlistas reafirmamos la necesidad de que Dios sea reconocido y obedecido. Y no un Dios deísta cualquiera, sino el Dios de nuestros padres, como siempre lo vivieron los españoles. Si no, el hombre se deifica y así estamos: acanallados, y destrozando al hombre imagen visible del Dios invisible. Esto es lo único político; lo demás son zarandajas. Si callamos a Dios por conservar el pan y la paz (¡¡), acabaremos sin Dios, sin pan y sin paz. Los hechos lo demuestran. 
          Nada sin Dios, todo con Dios - Jaungoikoa. 

Pamplona - Iruña, 8 de mayo de 2016,
José Fermín Garralda,
Pte. de la C.T.C. de Navarra

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada