Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

viernes, 6 de diciembre de 2013

LOS FUNDAMENTOS DE NUESTRA PATRIA COMÚN ESPAÑA

DEL PRESIDENTE REGIONAL de NAVARRA


NUESTRA DEFENSA DE LO VERDADERO Y LO BELLO 
–DIOS, PATRIA, FUEROS, REY-
FRENTE A LA CONSTITUCIÓN DE 1978.
YA DE MEMORIA, PODEMOS EXPLICAR LAS CAUSAS DEL DESASTRE QUE VEMOS. 
Nor Jaungoikoa ana?

TODAVÍA NOS ACORDAMOS de los carteles que colocábamos -como todos y era universalmente aceptado- por calles y plazas de Pamplona, Barcelona, Madrid, Bilbao y otros lugares para rechazar la Constitución de 1978. Éramos jóvenes de  Unión Carlista –instrumento de la suprema realidad política retomada por don Mauricio de Sivatte-, sector político que en 1986 se unió a otros sectores carlistas para formar la actual Comunión Tradicionalista Carlista.
Los carteles eran de disposición horizontal y de buen tamaño (635 X 210 mm.), de papel sencillo y no satinado, con letras blancas sobre fondo azul, y con eslóganes en positivo que sintetizaban nuestro rechazo a la Constitución. Éramos pobres pero dignos. Los herederos chaqueteros del franquismo eran ricos y por un doble motivo fueron indignos.
Por ejemplo, decíamos: 
"La Constitución ignora a Dios"
"La Constitución es divorcista y abortista ¿Qué votarás ante Dios?
“La Constitución no garantiza la libertad de enseñanza"
"La Constitución no garantiza las libertades municipales ni regionales"
En todos estos eslóganes se acompañaba de un "No a la Constitución. Unión Carlista”.
Muchos vieron los carteles y los aplaudieron. Antes (1976) habíamos puesto otros carteles más elegantes –a todo color y con papel satinado- con el “Nada sin Dios” sobre la bandera de España, que también habían sido aplaudidos por muchos.
Nuestros carteles de Unión Carlista defendían en 1978 el Nada sin Dios y el todo con Dios, con la confesión católica de los poderes civiles como tributo y culto a Dios, y su lógica y consecuente defensa de la persona y la sociedad. Los hechos nos han dado la razón. 

El agnosticismo (ateísmo práctico) en las leyes nos ha traído la destrucción masiva del ser humano más indefenso en el crimen del aborto provocado.
Nuestros carteles defendían el derecho a la vida del no nacido, el derecho de los niños a unos padres como Dios manda, el derecho al matrimonio y la familia frente a la ruina del matrimonio civil entre bautizados y el divorcio, el derecho a la libertad de educación de los padres y tutores católicos, el derecho a la legítima libertad frente al estatismo en la enseñanza, los verdaderos derechos y libertades sociales, el derecho a las instituciones sociales, la unidad de España en su rica variedad y en defensa de los Fueros, y una monarquía legítima.
Decimos con gusto que tuvimos toda razón para rechazar la Constitución de 1978. Y tenemos la enorme pena y dolor de sufrir todo lo que sufrimos, hasta el punto de ver que España ha caído a una miserable situación en todos los aspectos de su vida, tanto religiosa, como espiritual, social, psicológica y material.
Ya lo decíamos en 1985: "¡MINTIERON!" ("Acción Carlista" Órgano informativo del Carlismo tradicionalista navarro" 3er Tr. 1985, pág. 8). 

Y de nuevo en 2013 lo decimos ahora: "¡¡MINTIERON!!"
Hoy no pocos sólo sufren por lo material, ignorando que la actual crisis que nos muerde a todos, es fruto del materialismo (¡sobre todo "enriqueceros" como mandato!), el relativismo amoral del “todo vale”, y de un claro embrutecimiento como civilización y cultura. No es que en España nos hayamos desviado el espíritu constitucional, sino que es la Constitución y su permitido y hasta lógico desarrollo, lo que ha producido la actual situación del desprecio y destrucción del ser humano, de la persona, su vida religiosa en católico, el matrimonio, la familia, las libertades, la unidad de España en su variedad.
En 1978 todo fue manipulado. Todo se hizo desde arriba, haciéndonos creer que se hacía desde abajo. La mejor opresión es cuando el  oprimido se deja convencer de que es libre y vive maravillosamente. Se sustituyó el Estado franquista –al que tantísimo criticamos los carlistas ya desde 1937- por el Estado de los partidos políticos. Lo sustituyeron con las herramientas del propio Estado franquista (Suárez había sido secretario general del Movimiento -¡casi nada!- y don Juan Carlos había sido instaurado por el mismo Franco previo juramento de los principios del Movimiento) muchos que habían gozado de los cargos y prebendas anteriores. Sin duda fueron unos chaqueteros y aprovechados, y también por eso merecen nuestro rechazo. El pobre Suárez ya está purgando aquí sus errores.
Pero más que quitar errores y vicios del momento, lo que hicieron es poner todo muchísimo peor, hasta llegar a la situación horrenda en la que estamos. Por lo mismo, pronto nos convencerán las nuevas  élites que “el día que acabó la crisis” en 2014 será el de nuestra liberación, con el objeto de que depongamos nuestra actitud crítica a tantos abusos y corrupción de los políticos y la política liberal-socialista. ¡Como si no hubiera otra salida ni otra política!.
A ello se añaden los graves errores políticos cuando identificaron Constitución y Libertad, el criticar el liberal-socialismo-nacionalista con la dictadura, España con franquismo, protección con opresión, y tanta bobadas como se han asumido a fuerza de repetir por unos y otros. Ya nadie se cree eso de: "O el Comunismo o yo", y "O Dictadura o Democracia", antítesis excluyentes convertidas en falsos tópicos para una sociedad amaestrada. 
Ahora los etarras están en la calle, los católicos van siendo perseguidos, y la crisis económica nos esclaviza. Todo eso nos lo precedían nuestras mayores y maestros de la vida sociopolítica: pero se han quedado cortos. No eran unos genios, simplemente eran libres de la actual manipulación. ¿No se expulsó a Dios de la Constitución? ¿No se rechazaron los diez mandamientos del Sinaí que son de derecho natural? ¿No se ignoró –y expulsó- al Evangelio de la sociabilidad humana, aunque los españoles lo vivían como fundamento de la sociabilidad, expresada en su organización y sus leyes?
* * *
En su día, ocho obispos se adhirieron a la pastoral del cardenal Primado de España.
Como dice un amigo, “No es una sorpresa que apoyando la Constitución después venga el aborto, la sodomía, la ruptura de la institución familiar, y el conjunto de todas las leyes y políticas de re-ingeniería social, de cambio de paradigma antropológico y de descristianización de es España”.
Como muestra, recogemos aquí el magisterio del Cardenal Primado cuando denunció los errores y engaños de la Constitución de 1978. Lo que hoy sufrimos es la consecuencia natural del desarrollo de la filosofía que contiene la constitución del 78. ¡Como si no hubiera otra solución política! ¡Como si España la fundásemos nosotros! ¡Como si no hubiera solución y civilización fuera de la Constitución de 1978 (recuerden a Landelino Lavilla) que ahora muchísimos quieren cambiar al ver sus efectos!
No es que haya que cambiar aspectos de la Constitución de 1978 tras 35 años de vigencia, sino que esa Constitución nunca debió de redactarse ni promulgarse porque contrariaba a la Constitución verdadera de España y los españoles, a la Ley de Dios que recoge además el derecho natural, y a los derechos de Dios. Si queremos salir de la actual crisis global, es necesario poner la mirada en España en su unidad y variedad, en los Fueros como derecho y organización de nuestra Comunidades, en una verdadera organización y representación social, en una verdadera monarquía donde el rey reina porque gobierna en lo que le corresponde, en los derechos de la persona, familia y sociedades, y sobre todo en la Ley de Dios -única salvaguarda del más débil y oprimido y transmitida por la Iglesia católica- al que se le rinde culto por ser Él quien es y como Él lo desea. Este es el quid de la cuestión: no es otro. Hombre, familia, sociedad...: ¿Quien es vuestro Dios?  Nor Jaungoikoa ana?


España es una realidad configurada durante siglos,
y Navarra gozaba del fuero público o político que fue "dinamitado" por
los hombres de UCD. Luego los liberal-socialistas se "cargarán" el Fuero Nuevo privado de Navarra
promulgado en 1973, y lo harán desde el "Fuero" público (LORAFNA 1982).
La UCD fue extinta en un plis-plas una vez que realizó su triste cometido y tras "cargarse" 

las cinco Merindades de Navarra,
para dar el poder a los socialistas de Felipe González y de un tal Urralburu -después condenado por corrupto- en Navarra, quienes consumaron la obra anterior.
En adelante, el "hipogrifo violento" de nuestro Calderón de la Barca, galopó hasta despeñarse. Así hasta hoy, sin solución de continuidad.
La solución está en la Tradición española y navarra, actualizada como la vida misma, que nadie -y menos el verdadero pueblo no masificado- es tonto.
O Tradición o plagio -dijo Álvaro D'Ors-. (El autor).


Era 1985. También me acuerdo que Unión Carlista puso, en las mismas ciudades, otros carteles del mismo tamaño y disposición (un poco más anchos) a los que de nuevo hay que dar la razón. Juzgue Vd. mismo:
"Miseria de Jubilados, engorde de diputados"
"Menos derroche, menos impuestos"
"Europeos en los impuestos, africanos en los servicios"
"Paga, vota y calla"
Firmaba: las aspas y Unión Carlista
"Acción Carlista" 2º Tr. 1985, pág. 8)
¿Qué tal?

José Fermín Garralda Arizcun
Pte. de la CTC de Navarra
Pamplona 6- XII-2013
* * * 
APÉNDICE. Transcripción del texto del Primado en el Boletín Oficial
ANTE EL REFERÉNDUM SOBRE LA CONSTITUCIÓN
Instrucción Pastoral del 28 de noviembre de 1978
(Publicada en el Boletín Oficial del Arzobispado de Toledo de diciembre de 1978, páginas 597-600)

Queridos diocesanos:
El momento en que los ciudadanos españoles han de dar su voto sobre la nueva Constitución está próximo. Los católicos saben que este momento compromete gravemente su responsabilidad ante Dios.
La Conferencia Episcopal ha invitado a que cada uno decida el sentido de su voto, no arbitrariamente, sino formando criterio, según la conciencia cristiana. Pero numerosos fieles de nuestra Diócesis, sacerdotes y seglares, nos piden más luz, para ayudarles a formar su juicio. La petición corresponde a un derecho de los hijos de la Iglesia. Y está ciertamente fundada: porque advierten que en un examen del proyecto de Constitución a la luz de la concepción cristiana de la sociedad aparecen elementos negativos o, como dice la nota del Episcopado, “ambigüedades, omisiones, fórmulas peligrosas” ante las cuales se suscitan reservas lógicas desde la visión cristiana de la vida.
El hecho de que haya valores políticos que se estiman positivos no dispensa de ponderar seriamente los elementos negativos. ¿Estos elementos son acaso deficiencias tolerables, bien porque no pudiendo evitarlos se compensan con los valores positivos, bien porque tolerándolos se evitan males mayores? ¿O, por el contrario, son gusanos que inficionan toda la manzana, haciéndola dañina o inaceptable?
Queremos cumplir con nuestro deber irrenunciable de responder a las consultas de los fieles y, vamos a hacerlo desde una perspectiva puramente moral y religiosa. Nos lo impone la misión que Cristo y la Iglesia nos han encomendado. Seguimos con ello el ejemplo de la Santa Sede y de otros obispos del mundo entero en situaciones parecidas.
En el examen que paso a hacer me detengo, bajo mi exclusiva responsabilidad, en algunos puntos que estimo exigen una mayor aclaración. He aquí los principales:
1. La omisión, real y no solo nominal, de toda referencia a Dios.
Estimamos muy grave proponer una Constitución agnóstica –que se sitúa en una posición de neutralidad ante los valores cristianos- a una nación de bautizados, de cuya inmensa mayoría no consta que haya renunciado a su fe. No vemos cómo se concilia esto con el “deber moral de las sociedades para con la verdadera religión”, reafirmado por el Concilio Vaticano II en su declaración sobre libertad religiosa (DH, 1).
No se trata de un puro nominalismo. El nombre de Dios, es cierto, puede ser invocado en vano. Pero su exclusión puede ser también un olvido demasiado significativo.
2. Consecuencia lógica de lo anterior es algo que toca a los cimientos de la misma sociedad civil: la falta de referencia a los principios supremos de ley natural o divina. La orientación moral de las leyes y actos de gobierno queda a merced de los poderes públicos turnantes. Esto, combinado con las ambigüedades introducidas en el texto constitucional, puede convertirlo fácilmente, en manos de los sucesivos poderes públicos, en salvoconducto para agresiones legalizadas contra derechos inalienables del hombre, como lo demuestran los propósitos de algunas fuerzas parlamentarias en relación con la vida de las personas en edad prenatal y en relación con la enseñanza.
Por falta de principios superiores la Constitución ampara una sociedad permisiva, que –según advirtió oportunamente el Episcopado Español- no es conciliable con una sociedad de fundamento ético; y por lo mismo es contraria al ejercicio valioso de la libertad. La libertad no se sirve con la sola neutralidad o permisividad o no coacción. Se sirve positivamente en condiciones propicias que faciliten el esfuerzo de los que quieren elevarse hacia el bien. Al equiparar la libertad de difundir aire puro y la libertad de difundir aire contaminado, la libertad resultante no es igual para todos, pues en realidad se impide la libertad de respirar aire puro y se hace forzoso respirar aire contaminado.
3. En el campo de la Educación, la Constitución no garantiza suficientemente la libertad de enseñanza y la igualdad de oportunidades. Somete la gestión de los centros a trabas que, según dice una experiencia mundial, puede favorecer a las tácticas marxistas. La orientación educativa de la juventud española caerá indebidamente en manos de las oligarquías de los partidos políticos.
Sobre todo, no se garantiza de verdad a los padres la formación religiosa y moral de sus hijos. Porque no basta consignar el derecho de los padres o los educadores a recibir la formación que elijan. Es también derecho sagrado de niños y jóvenes, reafirmado por el Concilio Vaticano II, que todo el ámbito educativo sea estímulo, y no obstáculo, para “apreciar con recta conciencia los valores morales” y para “conocer y amar más a Dios” (Grav. Ed., 1). Pues bien, la Constitución no da garantías contra la pretensión de aquellos docentes que quieran proyectar sobre los alumnos su personal visión o falta de visión moral y religiosa, violando con una mal entendida libertad de cátedra el derecho inviolable de los padres y los educandos. El mal que esto puede hacer a las familias cristianas es incalculable.
4. la Constitución no tutela los valores morales de la familia, que por otra parte están siendo ya agredidos con la propaganda del divorcio, de los anticonceptivos y de la arbitrariedad sexual. Los medios de difusión que invaden los hogares podrán seguir socavando los criterios cristianos, en contra de solemnes advertencias de los Sumos Pontífices dirigidas a los gobernantes de todo el mundo, y no solamente a los católicos.
Se abre la puerta para que el matrimonio, indisoluble por derecho divino y natural, se vea atacado por la “peste” (Conc. Vat.) de una ley del divorcio, fábrica ingente de matrimonios rotos y de huérfanos con padre y madre. Como han señalado oportunamente los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Valladolid y otros, la introducción del divorcio en España “no sería un mal menor”, sino ocasión de daños irreparables para la sociedad española.
5. En relación con el aborto, no se ha conseguido la claridad y la seguridad necesarias. No se vota explícitamente este “crimen abominable” (Conc. Vat. II). La fórmula del artículo 15: “Todos tienen derecho a la vida”, supone, para su recta intelección, una concepción del hombre que diversos sectores parlamentarios no comparten. ¿Va a evitar esa fórmula que una mayoría parlamentaria quiera legalizar en su día el aborto? Aquellos de quienes dependerá en gran parte el uso de la Constitución han declarado que no.
Estos son, a nuestro parecer, los riesgos más notables a los que la Constitución puede abrir paso. Su gravedad es manifiesta, los que por razones de orden político se inclinen a un voto positivo consideren ante Dios si realmente hay mayores males que justifiquen la tolerancia de un supuesto mal menor, sin olvidar que no es lo mismo tolerar un mal, cuando no se ha podido impedir, que cooperar a implantarlo positivamente dándole vigor de ley. Recuerden los ciudadanos creyentes que, como dice el Concilio Vaticano II, “en cualquier asunto de orden temporal deben guiarse por la conciencia cristiana, dado que ninguna actividad humana, ni siquiera en el dominio temporal, puede sustraerse al imperio de Dios“(LG 36). 
Por tanto su voto ha de favorecer aquellas estructuras sociales que no estén en pugna con la ley de Dios y que resulten estimulantes para la moral pública y la vida cristiana.Lamentamos que muchos católicos se vean coaccionados a votar globalmente un texto, algunos de cuyos artículos debieran haber sido considerados aparte. Hay muchos creyentes que, con toda honradez y con la misma elevación de miras que invocan los demás, sienten repugnancia en el interior de su espíritu a votar a favor de un texto que muy fundamentalmente se teme que abra las puertas a legislaciones en pugna con su concepto cristiano de la vida. 
Su repugnancia nace de motivos religiosos, no políticos. Decirles simplemente que es después de la Constitución cuando tiene que luchar democráticamente para impedir el mal que puede producirse, y negarles que también ahora democráticamente tengan derecho a intentar evitarlo, es una contradicción y un abuso. Cuando por todas partes se perciben las funestas consecuencias a que está llevando a los hombres y a los pueblos el olvido de Dios y el desprecio de la ley natural, es triste que nuestros ciudadanos católicos se vean obligados a tener una opción que, en cualquier hipótesis, puede dejar intranquila su conciencia hasta el punto de que si votan en un sentido, otros católicos los tachen de intolerantes, y si votan en sentido diferente hayan de hacerlo con disgusto de sí mismos.
A aquellos precisamente me dirijo para decirles que hagan su opción con toda libertad según se la dicta su conciencia cristiana, y sepan contestar a los que les atacan por su actitud negativa, si es que piensan adoptarla, que la división no la introducen ellos, sino el texto presentado a referéndum. Es solo su conciencia, rectamente formada con suficientes elementos de juicio, la que debe decidir, sin aceptar coacciones ni de unos ni de otros.

Deseamos de todo corazón que la intervención de los católicos en la próxima votación sea tan consciente y elevada que atraiga sobre España las bendiciones de Dios y que nuestra Patria “disfrute de los bienes que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y su santa voluntad” (DH 6).

(Fin de la Pastoral del cardenal Primado, 1978)





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