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¿Pero qué nos merecemos, Dios mío?
Hace un tiempo nos resistimos a poner estas pegatinas y carteles por la calle debido a su dureza. No queríamos herir sensibilidades inocentes. Pero en cierto país esta salvajada ya es real.
Como el aborto provocado es demoníaco, no nos extrañe. El mal actúa como un tobogán, y cuanto mayor es el mal, mayor resulta la pendiente.
En España todo comenzó expulsando a Dios de la Constitución, e ignorando las señales de circulación -es un decir- que Él ha puesto en la naturaleza y también ha revelado. Todo mal comenzó ahí y todo mal posible llegará. En España se ha ido a una velocidad altísima hacia el despeñadero. Los que nos decían, "¡ánimo!, sumaos al progreso", ya han muerto. Y nosotros a purgar su pecado y la idiotez de los que les siguieron. Dios nos libre.
La Redacción
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